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Cambios.

Espero que algún día puedas perdonarme -o perdonarte- por no haberme valorado.
Créeme que no quiero, pero ¿y si aparece alguien que me haga sonreír de nuevo? Tú no podrás hacer nada.
Y te lamentarás, mucho, por no haberme hecho feliz, cuando pudiste.
Me valorará, porque valgo muchísimo, y ya no me sentiré como un cero a la izquierda en tu vida.
Puedo ser la persona más cruel -solo si quiero-, pero nunca voy a hacerte daño, perdóname una vez más: por no rebajarme a tu nivel.
Cuando mi corazón deje de latir por tí, desearás no haberme conocido. Porque Amor como yo no hay dos.
Y para entonces, ya no tendrás cabida en mi vida ¿sabes por qué? Porque recibirás el dolor que causaste en mi día a día.
Si algo te pido, es que no te arrepientas de las lágrimas que me hiciste derramar; pues en vano será, ya que nada podrás hacer para curar el mal que en mí cabe.



Despedida.

A gritos silenciosos,
pido tu compañía.
Con lágrimas en los ojos,
escribo esta poesía.
Ya ni ilustro mi arte,
quien reina es mi dolor.
Las ganas de continuar son impalpables.
Entre tanta gente,
camino en soledad.
-Amor, ¿por qué ya no estás?
El dolor pasa a ser furia,
ganas incontrolables de venganza,
desmesurado el rencor
que por mi cuerpo corre, sed insaciable de cariño y un vacío tan grande como un puto agujero negro.
Dicen que, los escritores de verdad, la felicidad nunca alcanzan... y yo lloro todos los días.
Perdóname por no aguantar los latigazos que la vida daba hasta ponerte de rodillas;

pero cariño, te necesitaba para levantarme.

Miedo.

Un paso en falso y se puede joder todo.
Un minuto más tarde del esperado en responder un WhatsApp y lo lamentaré.
Un acto en el momento equívoco y el error puede ser abismal.
Tengo que andarme con pie de plomo pero pesan tanto, que estoy por desistir.
No solo por ir arrastrándolos ya, - que puedo seguir mucho más - sino por el dolor, el vacío, y sobretodo: las lágrimas tragadas.
Te aseguro que si lloré delante de tí fue porque llegué a mi límite.
Y te puedo jurar que el agua que cae por mi mejilla no es la misma que sueltan los cocodrilos; - yo no te voy a atacar -.
Porque yo soy una loba, la líder y la fuerte, y a pesar de todo esto que me sigue pesando como tal,

no me rendiré.

Perdón.

Lo intenté, te lo prometo. Hice lo posible, por salvarme.
Una pena que mi corazón, tan desarmado ya, estuviera en tus manos.
Ahora camino, y miro, Pero ya no observo.
Y te juro que lo intento.
Pero dicen que sin corazón, ya nada tiene sentido, y esta vez, creo que les doy la razón.
Sé que no me queda mucho, aquí, contigo; entre los vivos.
Pero te pido, hoy, que respiro; -y sin saber si lo haré mañana- que me perdones.
Lo siento si sientes que te parto en dos pero sé que alguna vez tendrás que decir "ella se suicidó".




Vacío.

Hace tiempo le conocí.
Era esa persona que
todo el mundo ansiaba ser.

Y nunca nadie se le comparó.

Su mentalidad,
más justa
que los juzgados de Madrid.

Esa manera de hablar
tan cuidada,
irónica,
incluso espontánea que tenía.

Nunca la escuché en otra boca.

Un ejemplo a seguir,
un amigo al que acudir
cuando más lo necesitas
y no tienes a nadie.

Estúpido tiempo…
que me lo arrebataste.
Que, al volver, no supe
quién cojones era.

Lástima
que hayas muerto
pero peor aún,
es que sigas vivo
y no te reconozca.

Eres la persona
que todos querían
y sólo yo tuve.

No sé si fue por el destino,
la distancia,
el status…
No lo sé.

Solo tomó una decisión
y se marchó,
como los cobardes.

¿Qué hice?
¿Cuál fue el error?
Dime, ¿qué nos hiciste?

Todavía te extraño.

Te veo y quiero besarte
como antes,
abrazarte hasta que me separes
para que sepas que te quise…

Me decepcionaste
porque me mentiste
y yo creí,
tontamente,
que eras un hombre de palabra.

Diferente.

Quisiera poder demostrar
como son mi sentimientos;
esos que guardo
debajo de esta piel
tan áspera como la lija.

Quisiera dejar
que con vuestros envidiosos ojos
me mirárais,
y viérais que no soy nada más
que una niña de cristal.

Quisiera poder llorar
cuando mis sentimientos
están ahí,
a flor de piel.

Quisiera aseguraros
que todos los errores son buenos
sin ser una hipócrita
que no es capaz
ni de quererse
a sí misma.

Quisiera deciros
que no soy esa chica con cabeza
que cumplía
todas tus expectativas (de mierda).

No soy lo que nadie cree.
No soy nada,
y por eso me ha tocado
ser del montón.

Corazón roto.

Para escribir lo que llevas dentro
necesitas estar muy feliz o hecho polvo.
Y la verdad es que, cuando estoy feliz
me concentro solo en sonreír.

Ya puedes adivinar por qué estoy aquí de nuevo.

Este dolor tan cansino
que llevo dentro
me pesa todos los día más
cada vez que te pienso.

Es inevitable pensar
que me cambiarás
por cualquiera más linda.

Por aquella que siga los criterios
que pone esta sociedad
tan asquerosa
en la que estamos obligados
a vivir.

Es difícil.
Es complicado querer
a quien no quiere
acordarse de tí
cuando no está contigo.

No puedes dar todo
por quien no da por tí
ni la mitad de la mitad.

Es una pena que una chica
tan bonita como tú,
llore por alguien
tan gilipollas como él.

Solo te aconsejo:
levántate.
No lo pienses más.
Empieza a vivir.

Vuelve a sonreír,
porque,
mi querida chica bonita...
te lo mereces.